Hoy mientras estaba esperando en la fila de un supermercado para pagar un cuaderno y unas pegas para empezar a enseñarle a mi hija mayor destrezas preescolares (aprovechando el fin de semana de ventas libres de impuestos :), escuché a una madre mencionar que gastó $75 sólo en productos escolares y la madre o suegra que estaba con ella le dijo: "Pues tú querías tener dos, por eso yo paré con uno." Y la madre (que estaba allí con sus dos hijo, un hijo mayor como de 13 años y una niña como de 10 años) susurró: "Ojalá hubiera hecho lo mismo." Dijo esto y su hija menor estaba justo al lado de ella.
Mi corazón se quebrantó.
El rechazo, desprecio y tristeza que sintió esa niña si logró escuchar y entender lo que su mamá dijo al lado de ella tuvo que haber sido increíble. Y si no lo escuchó, el sentir sigue estando allí y que tristeza, cada vez que esa madre se relaciona con su hija en la parte de atrás de su mente está el pensamiento, tú me estás costando mucho, ojalá no te hubiera tenido.
Que doloroso, pensé: Qué si esta hubiera sido mi madre. Yo fui la segunda hija, que tal si mi madre no me hubiera tenido? Qué si hubiera decidido parar después de tener a mi hermano? Yo no existiría. Mis hijas no existirían y hoy en día mi madre no estaría disfrutando de sus nietas. Hoy día mi esposo y yo no estaríamos disfrutando de nuestra hermosa familia. Hoy día hubiera tres personas menos que aman a Jesús con todo su corazón, mente y fuerzas.
Qúe si yo hubierá parado después de mi primogénita 'A', mi segunda hija 'E' no estaría aquí, "oh, y cuanto gozo ella trae a nuestro hogar, cuanta felicidad y deleite para toda nuestra familia." Gracias a Dios que mi abuelo no paró después de 3, mi mamá no estaría aquí. Gracias a Dios que mis otros abuelos no pararon después de 9, mi papá no estaría aquí. Y por consecuente mi familia no estaría aquí.
Yo no quiero dejarme llevar por lo que el mundo dice que es la cantidad "sabia" de tener hijos. Yo no quiero dejarme llevar por el sentir del mundo acerca de los hijos. Yo quiero dejarme llevar por lo que Dios dice en su Palabra y Su sentir por los niños.
Y el dice: "Bendito el fruto del vientre...bienaventurado el hombre que llena su aljaba de ellos" Sal. 127.
El dice: El que recibe a uno de estos niños, me recibe a mí.
El dice: El que hace tropezar a unos de estos niños, no quedará sin castigo.
El dice: Multipliquense y sean fecundos.
Él es un buen Padre y yo quiero confiar en Él. A uno el da un don, a otros dos y a otros cinco. A uno da dos, a otros cinco y a otros diez. Él sabe cuanto es suficiente para cada uno, queda de nosotros estar dispuestos a recibir sus dones y ser fieles en lo poco que Él nos dá para que en Su reino Él nos confíe con mucho.
Padre, ayúdame a tener tu corazón por los niños. Ayúdame a sentir lo que tú sientes y amar lo que tú amas. Ayúdame a ver las cosas a la luz de Tú Palabra, como Tú las ves, no como el mundo las ve. Libérame de la mentalidad humanista que sólo piensa en lo que yo pueda tener a expensas de otros. Ayúdame a valorar lo que tú valoras y a ser como tú eres. Te amo, en el nombre de Jesús, Amén.
Aprendiendo amar como Jesús ama, tomando mi cruz, muriendo cada día para poder vivir para siempre y estar con Él.
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Friday, August 12, 2011
Wednesday, July 27, 2011
La Maternidad es un llamado (Y el valor de tus hijos)
Cuando leí este blog, me confrontó tanto, porque yo he sido esa mamá que da la sonrisa al extraño pero resiente en su corazón la realidad en la que me encuentro. Y por eso deseo que lo que ella dice acerca del valor de los hijos y de tomar nuestra cruz y demonstrar quien es Dios sea una realidad en mi vida. Espero que sea de gran edificación para ustedes.
A continuación la traducción del blog por Rachel Jankovic titulado: Motherhood is a calling (And where your children rank) que pueden encontrar en inglés en el blog de Desiring God.
Hace pocos años atrás, cuando sólo tenía cuatro hijos y la mayor todavía tenía tres, los preparé a todos para caminar. Después de que el último vaso encontró su lugar y estabamos listos para salir, mi hija de dos años me dijo, "¡Wow! ¡Tienes tus manos llenas!"
Ella pudo haber dicho tambien, "¿No sabes lo que causa eso? o ¿¡Son todos tuyos?!”
A donde quiera que vas, la gente quiere hablar de tus hijos. Porque no debiste haberlos tenido, como pudiste haberlos evitado, y porque ellos nunca harían lo que tú has hecho. Ellos quieren que estes segura que no vas a estar soriendo más cuando lleguen a la adolesencia. Todo esto en el supermercado, en línea, mientras tus hijos lo escuchan.
¿El trabajo más bajo?
La verdad es que años atrás, antes de que esta generación de madres hubiera nacido, nuestra sociedad decidió la posición de nuestros hijos en las lista de cosas importantes. Cuando el aborto fue legalizado, lo escribimos en una ley.Los hijos están por debajo de la universidad. Por debajo de viajar el mundo, ni se diga. Debajo de la habilidad de poder salir de noche según se te antoje. Debajo de perfeccionar tu cuerpo en el gimnasio. Debajo de cualquier trabajo que hallas tenido o esperes tener. De hecho, el valor de los hijos está por debajo de tu deseo de sentarte y limpiarte los dedos del pie, si es lo que se te antoja. Debajo de todo. Los hijos es lo último que deberías de estar haciendo con tu tiempo.
Si creciste en esta cultura, es bien díficl tener una perspectiva bíblica de la maternidad, pensar como una mujer cristiana libre en cuanto a tu vida, tus hijos. ¿Cuánto hemos escuchado verdades parciales y mentiras? ¿Creémos que queremos hijos porque hay un tipo de impulso biológico, o el fantasma "ganas de un bebé"? ¿Realmente queremos esto por la ropita linda y oportunidades para fotos? ¿La maternidad es el trabajo más bajo para aquellos que no pueden hacer más, o aquellos que están satisfechos con trabajo penoso? ¿Si es así, en que estabamos pensando?
No es un pasatiempos
La Maternidad no es un pasatiempos, es un llamado. No coleccionas hijos porque crees que son más lindos que los sellos. No es algo que puedas hacer si te alcanza el tiempo. Es para lo que Dios te ha dado el tiempo.Las madres cristianas tienen a sus hijos en territorio hostil. Cuando estás en público con ellos, estás parandote con, y defendiendo, los objetos que no son de agrado culturalmente. Estás públicamente testificando que tú valorizas lo que Dios valoriza, y que tú rehúsas valorar lo que el mundo valora. Estás parado con los indefensos y frente al necesitado. Representas todo lo que nuestra cultura odia, porque representas el dar tu vida por otro—y el dar tu vida por otro representa el evangelio.
Nuestra cultura simplemente le tiene miedo a la muerte. Dar tu propia vida, en cualquier manera, es aterrador. Extrañamente, es ese temor que impulsa la industria del aborto: miedo de que tus sueños morirán, de que tu futuro morirá, que tu libertad morirá—y tratamos de escapar esa muerte corriendo a los brazos de la muerte.
Pero un cristiano debería tener un paradigma diferente. Debemos correr a la cruz. A la muerte. Así que deja tus derechos. Deja tu futuro. Deja tus pequeñas molestias. Deja tu deseo a ser reconocida. Deja tu agitación con tus niños. Deja tu casa perfectamente limpia. Deja tus quejas de la vida que estas viviendo. Deja tu vida imaginaria que pudiste haber tenido tú misma. Déjalo ir.
Muerte a ti misma no es el final de la historia. Nosotros, de todas las personas, debemos saber lo que sigue a la muerte. La vida cristiana es vida de resurrección, vida que no puede ser contenida por la muerte, la clase de vida que sólo es posible cuando has ido a la cruz y de regreso.
La Biblia es clara en cuestión del valor de los hijos. Jesús los amó, y se nos manda a que los amemos también, que los traigamos en la crianza del Señor. Debemos de imitar a Dios y deleitarnos en nuestros hijos.
La Pregunta es Cómo
Aquí la pregunta no es si estas representando el evangelio, es cómo lo estás representando. ¿Has dado tu vida a tus hijos con resentimiento? ¿Cuéntaas todo lo que haces por tus hijos como un tiburón de préstamo toma cuenta de deudas? ¿O le dás vida a ellos de la misma manera en que Dios nos la da—gratuitamente?No es suficiente pretender. Puedes engañar a pocas personas. Aquella persona en la tienda te pudo haber creído cuando plasmaste la sonrisa falsa, pero tus hijos no. Ellos saben exactamente que posición tienen delante de ti. Ellos saben las cosas que tu valoras por encima de ellos. Ellos saben todo lo que tú resientes y tienes contra ellos. Ellos saben que fabricaste una contestasión alegre a aquella señora, sólo para susurrarles amenazas o ladrarles en el carro.
Los hijos saben la diferencia entre una madre que está haciendo frente a un extraño y una madre que defiende su vida y su valor con su sonrisa, su amor, y su lealtad absoluta.
Manos Llenas de Cosas Buenas
Cuando mi pequeña niña me dijo, "¡Tus manos están llenas!" Estaba tan agradecida que ella ya sabía cual sería mi respuesta. Era la misma que siempre doy: "Sí lo están—¡llenas de cosas buenas!”Vive el evangelio en las cosas que nadie más ve. Sacrifica por tus hijos en los lugares que sólo ellos sabrán. Pon el valor de ellos delante de los tuyos. Críalos en el aire fresco del estilo de vida del evangelio. Tu testimonio del evangelio en los pequeños detalles de tu vida tienen más valor para ellos de lo que te imaginas. Si les dices el evangelio, pero vives para ti mismo, nunca lo creerán. Da tu vida por la de ellos cada día, gozosamente. Deja la mezquindad. Deja la agitación. Deja el resentimiento por los platos que hay que lavar, por la ropa que hay que doblar, porque nadie sabe cuan duro trabajas.
Deja de aferrarte a ti misma y aferrate a la cruz. Hay más gozo y más vida y más risa al otro lado de la muerte de lo que puedes tener sola.
Rachel Jankovic es una esposa, ama de casa, y madre. Es autora de "Loving the Little Years" y escribe blogs en Femina. Su esposo es Luke, y tienen cinco hijos: Evangeline (5), Daphne (4), Chloe (2), Titus (2), and Blaire (5 meses).
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